03 enero 2009

Nadie como el dolor

Dulce dolor que llegas a tiempo,
que no perdonas una falta siquiera,
que te empeñas en acompañarme,
a no permitir que me pierda.

Dulce dolor que enjugas mis penas,
que les quitas el brillo y el color,
que te empecinas en demostrarme cada vez
que lo que siento es el inicio de una gran aflicción.

Dulce dolor que, aunque no te deseo,
acaricias mi rostro y humedeces mis párpados,
y te esfuerzas por siempre estar en mi mente,
igual que lo hiciese un amigo constante.

Dulce dolor que inspiras mis letras,
que impulsas mis palabras y las elevas al viento,
que tercamente matizas y las presentas al mundo,
sin siquiera prestarle atención a lo que me refiero.


Eduardo Ferron (dk)
la pesadilla antes de la realidad.

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